Cuándo perdí un diente de la cremallera me resultó muy difícil volver a cerrarla. MIra que lo intenté una y otra vez. Puse toda mi supuesta habilidad al servicio de la maña y no la fuerza pero, no hubo manera. Al final hubo fuerza pero lo único que conseguí fue un ataque de nervios. Me di cuenta que sería muy complicado llegar al final yo solo. Que ese hueco de la cremallera sería imposible de integrar en el camino metálico.
Cuando ya lo daba por perdido, después de días sin intentarlo, probé a encajar la vía con desgana y sin apenas esperanza. Al llegar al hueco, se me ocurrió menear ligeramente a un lado y ¡voilá! conseguí sortearlo. Empecé a abrochar lentamente fijándome en la oquedad que dejaba atrás. Entonces, y solo entonces, me di cuenta que el camino al tope también se podría hacer sin esos dientes que quedaron atrás y a los que, por supuesto, jamás olvidaremos.
DEPRESION SONORA - NADA IMPORTA (2024)
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