Hacia la oscuridad vamos sintiendo los azotes de los crepúsculos. Se agotan las brasas de las barbacoas. Ya hay piscinas verderonas cuyos efluvios nos evocan la otoñal putrefacción de unas castañas caídas, solas y perdidas en la hojarasca seca. Granadas chorreantes que nos ensucian de forma indeleble el paso de una estación sin transbordo. Hay calabazas tristes que huyen de los disfraces porque lo que quieren es ser ignoradas de una puta vez. Desean volver a ser simples curcubitáceas sin necesidad de dar gracias a la acción del efímero estrellato anual obtenido por costumbres anglófilas de medio pelo.
Mientras tanto, aquí, todo se resume -¡hay que joderse!- en aguantar una y otra vez el puto cambio de hora de rigor. Del Fuck Friday hablamos en otra ocasión.
ZAHARA - ESTO NO ES UNA CANCIÓN POLÍTICA (2023)
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