Las toallas ganan suavidad en la secadora. Secadas cara al sol se ponen más tiesas y rasposas, ideales para lijar paredes antes de aplicar el temple liso a todo. Quién sea asíduo de hoteles sabrá de lo qué estoy hablando. Consigues secarte porque no queda más cojones pero, en el fondo de tu corazón, añoras esa sensación de estado de bienestar y justicia textil que das al añadir una tapón de suavizante en la lavadora. Si despúes las secas debidamente, ellas nunca te olvidarán. Si lo haces así, te podrás secar las ingles sin temor a que una interfamiliar exfoliación-ni machista, ni feminista- acalle con su ignorancia el placer por la literatura del siglo XVII. Ni a Lope ni Calderón le hacían falta toallas aunque se cagasen en Felipe IV.
EMILIA PARDO Y BAZÁN - PREOCÚPATE MAÑANA (2023)
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